sábado, 29 de octubre de 2011

Cómo ser imbécil (Parches psicológicos)



"Yo veo el mundo, Lucius Hunt, pero no como tú lo ves."

Creo que no hay manera de saber si estás ahí, y voy asumiéndolo, no es tan difícil como pensaba... o recordaba. Supongo que encaja con la forma de pensar que siempre he intentado tener presente . Y es que, mal que pese, ser ciega te permite ver más allá de los ojos. ¿Cuantas veces me habré repetido ese pensamiento a mí misma ya?.

Empieza a perder el sentido, y al mismo tiempo, yo empiezo a probar a no hablar, y así intentar decir algo más que palabras; tal vez por eso hago uso de citas.

"Cuando estemos casados, ¿bailarás conmigo?."

Y comenzamos, en alguna etapa de nuestra vida, a pensar en el futuro y dejarnos, poco a poco, esclavizar de forma placentera. Y así prometeré un baile en mi noche de bodas, aunque no tenga lugar jamás esa boda, porque hay cosas que no importan, y el significado más allá de lo que se puede expresar con palabras, no es una de esas cosas. 



La gente dice que debería hablar más, y el silencio no les contesta... no saben o no quieren leer entre líneas.

"A veces no hacemos cosas que queremos hacer para que los demás no sepan que queremos hacerlas."


Creo que no voy a seguir escribiendo, no esta noche.


Todas las citas usadas en este texto pertenecen a Ivy Walker, personaje de "The Village".

jueves, 27 de octubre de 2011

Cambiando de punto de vista


Soy de los que no encuentran raro el comportamiento disparatado de un niño pequeño. Creo que los ademanes y muecas, las carreras sin objeto aparente, los ruidos y movimientos, volteretas, extrañas miradas y actitudes de esos infatigables locos cariocos no son casuales, sino que responden a impulsos concretos y a razonamientos impecables. Cada vez que asisto a la conversación de un mocoso me asombran la firmeza de sus convicciones, la honradez intelectual y la lógica in-sobornable que articula su mundo. Un mundo coherente que tiene sus reglas propias. Los incoherentes, los dispersos, los confusos, somos nosotros: los adultos embrollados en turbias inconsecuencias; y que, por haberlos olvidado, desconocemos los códigos tan rectos, tan intachables, que rigen el universo de nuestros cachorros.
Hoy pienso de nuevo en eso, pues camino por la acera observando a un niño que va delante, agarrado a la mano de su madre. Tendrá unos tres años y aún camina con esos andares torpes, en apariencia aleatorios y ensimismados de los críos pequeños: sigue un ritmo de pasos propio y de cadencia indescifrable, pisa esta baldosa, evita aquélla, se aparta tirando de la mano de la madre o hace un quiebro y se coloca detrás. También emite sonidos ininteligibles hinchando los mofletes. Parece, en fin, como todos los malditos enanos, majareta total: unas maracas de Machín dentro de un anorak con los Lunnis estampados. Para rematar la pinta de jenares, camina con un sable de plástico metido entre la cremallera del anorak. El sable lo lleva con absoluta naturalidad, sin darle importancia, como sólo un niño pequeño o un espadachín profesional pueden llevarlo. Nada incongruente en su aspecto: un crío con sable, de los de toda la vida, antes de que los soplapollas y las soplapollos políticamente correctos nos convencieran de que la igualdad de sexos y el pacifismo se logran haciendo que futuros albañiles, sargentos de la Legión o percebeiros gallegos jueguen a cocinillas con la Nancy Barriguitas.
El caso es que durante un trecho veo caminar al niño con la cabeza baja, mirándose muy atento los pies. Y de pronto, en una especie de arrebato homicida, extrae el sable del anorak y, esgrimiéndolo con denuedo, empieza a asestar mandobles terribles al aire, con tal entusiasmo que al cabo tropieza, trabándose con el arma, sostenido por tirones impacientes de la madre. Inasequible al desaliento, en cuanto recobra el equilibrio vuelve a sacudir sablazos a diestro y siniestro, dirigidos a cuanto transeúnte se pone a tiro. La madre lo reconviene, zarandeándolo un poco, y ahora el tiñalpilla camina un trecho cabizbajo, el aire enfurruñado, arrastrando la punta del sable por la acera. Pero un cartero se acerca de frente, arrastrando su carrito amarillo, y la tentación es irresistible. Así que el enano mortífero alza de nuevo el sable, hace una parada como si se pusiera en guardia, y le tira un viaje al cartero, que da un respingo. El segundo mandoble intenta atizárselo a un chico joven de mochila que viene detrás, pero el otro, con una sonrisa divertida, se aparta de improviso, el sablazo se pierde en el vacío, y el niño, todavía agarrado por la otra mano a su madre, gira en redondo sobre sí mismo y cae medio sentado al suelo. Bronca y confiscación del arma letal. Ahora madre e hijo reanudan camino, mientras éste, lloroso, cautivo y desarmado, mira a los transeúntes con evidente rencor social.
–Quizá su hijo tenga razón –le digo a la señora al ponerme a su altura.
Me mira sorprendida. Suspicaz. Así que sonrío, señalo al enano, que me estudia desde abajo como diciéndose «no sé quién será éste, pero cuando recupere el sable se va a enterar», y añado:
–A lo mejor sólo intenta defenderla.
La madre me observa un instante, aún confusa. Al fin, sonríe a su vez.
–Puede ser –responde.
–Tal como se presenta el futuro, yo le devolvería el sable.
Saludo con una inclinación de cabeza y sigo camino, adelantándome. Al rato, cuando hago alto en un semáforo, me alcanzan de nuevo. Los miro de soslayo y compruebo que el diminuto duelista lleva otra vez el sable de plástico metido en el anorak. Entonces el semáforo se pone en verde y cruzo la calle, riendo entre dientes. A fin de cuentas, concluyo, un sable puede ser tan educativo como un libro. Según quién te lo ponga en las manos.

Arturo Pérez-Reverte. Publicado para El Semanal, 11-2-07.

martes, 25 de octubre de 2011

A Walk To Remember



Dancing in the moonlight:



We get it almost everynight
When that moon gets big and bright
It's a supernatural delight
Everybody was dancing in the moonlight

Everybody here is outta sight
They don't bark and they don't bite
They keep things loose, they keep things light
Everybody was dancing in the moonlight

Dancin in the moonlight
Everybody's feelin warm and bright
It's such a fine and natural sight
Everybody's dancin in the moonlight

We like to have fun and we never fight
You can't dance and stay uptight
It's a supernatural delight
Everybody was dancin in the moonlight

Dancin in the moonlight
Everybody's feelin warm and bright
It's such a fine and natural sight
Everybody's dancin in the moonlight

Everybody here is outta sight
They don't bark and they don't bite
They keep things loose, they keep things light
Everybody's dancing in the moonlight

Everybody's dancing in the moonlight
Everybody's feelin warm and bright
It's such a fine and natural sight
Everybody's dancing in the moonlight
Dancin in the moonlight
Everybody's feelin warm and bright
It's such a fine and natural sight
Everybody was dancing in the moonlight.

lunes, 24 de octubre de 2011

·La música empieza donde se acaba el lenguaje.



We'll do it all Everything On our own We don't need Anything Or anyone If I lay here If I just lay here Would you lie with me and just forget the world? I don't quite know How to say How I feel Those three words Are said too much They're not enough If I lay here If I just lay here Would you lie with me and just forget the world? Forget what we're told Before we get too old Show me a garden that's bursting into life Let's waste time Chasing cars Around our heads I need your grace To remind me To find my own If I lay here If I just lay here Would you lie with me and just forget the world? Forget what we're told Before we get too old Show me a garden that's bursting into life All that I am All that I ever was Is here in your perfect eyes, they're all I can see I don't know where Confused about how as well Just know that these things will never change for us at all If I lay here If I just lay here Would you lie with me and just forget the world?
Chasing Cars♥